¿Será el calor?

Termómetro calle

Últimamente he tenido que sufrir algunas pildoritas, que no sé si se deben a que el potente calor que se vive en España afecta extremadamente (como estudios médicos ponen de manifiesto) al comportamiento de la gente, haciendo que se comporten de forma merluza. Hace una semana me pasé por un polideportivo a hacer una reserva de pista para jugar al pádel. La tía que atendía en la ventanilla me hizo de primeras un comentario sobre mi estatura, al cual hice oído sordo, no sé si por voluntad o porque tampoco me enteré mucho qué chorrada fue la que soltó (creo que algo del tipo “¡Uy! Qué alto es usted”).

Se ve que la moza, ya talludita, estaría de prácticas o es que simplemente se daba el hecho de que había una compañera (funcionaria, I guess) a su lado sentada tocándose el papo. Pues cuando me dan el ticket del pago por tarjeta y el justificante del alquiler/reserva de la cancha, me pregunta cuánto mido. Tonto de mi (una y otra vez, mil veces… No me cansaré de repetírmelo), le digo lo que mido. Debería haberle respondido con un “y a ti, ¿qué cojones te importa?” o un “¿y tú cuánto pesas?”. ¿Nuevo caso mío de lentitud de reflejos o simplemente que uno es educado sin más? No sé.

Bueno, pues tras decírselo, empiezan a hablar entre ella y su compañero, riéndose por lo bajinis. Yo, que iba con mi novia, solté en alto, con toda la intención de que me escucharan “la verdad es que no sé de qué se ríen estas tías”. Vaya par de gilipollas, de verdad. El próximo día que vaya a reservar pista (que iré) espero que no se les ocurra seguir con la cantinela, ya que iré preparado y se arrepentirían de ello.

Y la segunda entrega tuvo lugar ayer, en un autobús interurbano. Un conductor de la línea, que es bastante simpático (no hay “tono ironía on” en esto) al que hacía mucho que no veía, me suelta nada más verme “¡joder! Te veo más alto desde la última vez que te vi”; sabrán ustedes lo que toca los santos testículos que te suelten eso. En esta ocasión estuve más rápido y le solté en plan broma y socarrón cosas del palo como que a ver si se graduaba la vista, que a mi edad ya no se crece y que a ver si iba a ser que él había menguado. La cosa no fue a más, porque el tío no me cae mal, pero evidentemente mucha gracia no me hizo.

Ahí lo tienen: 2 hechos que han tenido lugar con muy poca distancia, en una racha bastante discreta de varios meses sin sufrir demasiado por hechos dignos de contar en este cajón de desahogos, pero que me hacen rascarme la oreja y preguntarme si es casualidad o se debe a que el calor aturulla a la gente. Espero no tener que volver a escribir mucho por aquí, pero si hay que hacerlo se hará.

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