La “Fiesta Del Cine”

Palacio de Hielo

Ya saben que este blog no tiene afán de protagonismo, sino de desahogo o escape, con lo que la falta de actividad siempre será buena señal y la publicación de un nuevo post un motivo de disgusto. He aquí la última experiencia, la cual viví hace un par de semanas cuando se celebró la última fiesta del cine. Acudí al Dreams Palacio de Hielo a ver “Trumbo”, film protagonizado por Bryan Cranston, ese “Heisenberg” de “Breaking Bad” para la historia cultural mundial.

El hecho de pagar una entrada a 2,90 eur. me supuso que antes de entrar a la sala, cuando fui al supermercado de la planta baja del centro comercial a coger algo de picoteo para tomar durante la película, me cruzara con un ejemplo lamentable de padre. Resulta que cuando fui a la línea de cajas para pagar las 2 bolsas de gusanitos y los 2 refrescos que había pillado para mi novia y yo, pasé al lado de un tío que iba con sus 2 hijos, el cual, sin filtro de ningún tipo, les soltó a sus vástagos a plena voz “¡Hala! ¡Qué tío más alto! ¡Si es más alto que yo!”.

Primero de todo, este horrible sujeto, desperdicio social donde los haya, mediría no más de metro 80, con lo que muy alto no era. Ya esto demuestra las pocas luces del sujeto en cuestión, por si con lo ya descrito quedaba alguna duda. Debería por tanto haberle soltado algo como “normal, pero si es que tú eres un tapón de gaseosa, tampoco hace falta mucho para ser más alto que tú”; lo que pasa es que una vez más el factor sorpresa y las prisas para no llegar tarde a la película hicieron que este payaso de mal gusto se quedara sin su rapapolvo merecido.

Sus hijos no tendrían más de 6-7 años. Me dirán ustedes qué seres sociales se van a desarrollar a la sombra de un gilipuertas de tomo y lomo como es su padre. Puedo enteder que estos comentarios se hagan a mi paso, pero les rogaría que se esfuercen en ser discretos, ya que molesta (y mucho) y como me cojan en un día rápido de mente y con tiempo, les aseguro que lamentarán haber soltado sus irrespetuosas opiniones al aire.

Volveremos por aquí la próxima vez que tenga que afrontar la supina pereza que me supone tener que escribir sobre ejemplares del género humano que salieron mal de fábrica y que por desgracia no pudieron ser devueltos al proveedor. Casos como el de este tío, con poquísimo conocimiento, ya que si es capaz de darse cuenta de mi envergadura y comprende que a su nivel de voz le escuchaba claramente lo que decía, una de dos: o buscaba que le partiera la cara o simplemente se da el hecho de que su cerebro no da más de sí. Me inclino por la 2ª opción. Y a estos especímenes la naturaleza les permite ser padres y educar a nuevos seres. Así nos va. Al menos “Trumbo” y Cranston merecieron la pena.

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