5… Y debe seguir (por desgracia)

CAM022155 años que se cumplieron ya hace unos pocos días de la creación de esta ventana para gritar ante los hijos/as de puta que me topo por ahí y que se ven con manga ancha para tocarme a base de bien los cojones con respecto a la estatura que involuntariamente poseo. En esta ocasión el desencuentro fue en la cabalgata de Reyes Magos de Torrejón de Ardoz. Más bien fue al término de la misma, cuando iba de retirada para casa con un viento frío que echaba para atrás.

En esos ambientes es fácil encontrarse con preadolescentes ya emancipados del control paterno y que van en camarilla (lo peor que puede suceder, ya que, como tristemente sucede, son muchos los que en grupo pelean por hacerse el gracioso a costa de la falta de respeto a los ajenos). Se toparon conmigo, cuando estaba haciendo una foto con el móvil a unos muñecos de “Toy Story” que habían formado parte de interminable desfile (foto que preside el post), un quinteto de niñatas deslenguadas.

Una de ellas, tras chocar conmigo (porque ni siquiera saben andar por la calle, que ya es triste y preocupante el asunto), empezó a decir que sí “¡qué alto!” y demás chorradas, todo envuelto en una risa de hiena estúpida, risa ante la que me aterroricé al pensar cómo puede comportarse esta tipa en 6 años cuando se chute cocaína (que les aseguro que lo hará) y se le desencaje la boca por ello.

No me puedo reprimir. Me indigna y contraría demasiado y también me entristece, ya que esas son las vistas que España tiene para remontar en décadas posteriores (con estos mimbres nos vamos a pique). Simplemente la espeté: “¡Qué gilipollas eres, niñata! ¡Pero qué gilipollas que eres!”. Ante eso, las otras 4 que iban con ella empezaron a mascullar entre ellas, como sintiéndose indignadas por mi reacción… ¡Encima!

La culpa es de los padres, sí. A sus 12 años van por ahí sueltas sin educación alguna. Algo han tenido que ver los hijos de puta que las trajeron al mundo y que no tuvieron tiempo de decirlas en su momento: “A ver, hija mía: siempre nos puede hacer gracia una persona, pero no te rías o burles de él de forma que se entere, sino que hazlo sin que se dé cuenta”. Pues no. Seguro que el padre tendría que irse a tomarse una cerveza de más al bar y la madre cotorrear 5 minutos de más con sus amigas.

Mientras tanto, estas crías crecen cerriles, desnortadas, maleducadas y se dedican a pegar sus tampones y compresas en las sillas del instituto o colegio (verídico; se lo dice uno que es hijo de una señora que en su día tuvo que limpiar aulas de centros de enseñanza, con lo que sé de lo que hablo), entre otras muestras de incivismo, y quizás en unos años pasen a engrosar el listado de tristes protagonistas de ese aterrador programa de televisión que es “Hermano Mayor”.

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