La teoría del Forrest

Carretilla

Como ven, no es posible cerrar esta página, porque siempre aparece algún merluzo de cuando en cuando. En mi trabajo hay un tío que viene a rellenar las máquinas expendedoras de comida y bebidas que yo, para mis adentros, llamo Forrest. El motivo es que se asemeja o me recuerda en aspecto a un compañero de instituto al que llamaban así, y no es que se pareciera aquel chico a Forrest Gump, pero el caso es que el muchacho tenía ese sambenito de dudoso gusto.

Pues el pasado viernes se confirmó que este repartidor es un tonto absoluto y se merece que le apode Forrest. Vaya por delante que nunca he hablado con él, ni le he dado confianza para nada, pero el caso es que tras abandonar la sala de descanso de mi oficina, el muy imbécil va y me suelta “Cuidado, no te vayas a dar con la puerta”. Decliné decirle nada, ya que había una supervisora en la sala. Por nada del mundo quería que por montarle un cirio el asunto llegara a oídos del departamento de personal y encima me buscara la ruina laboral; para esto ya está “¡Qué mierda ser yo!”.

Huelga decir que lo que soltó fue en plan de mofa, ya que la puerta medirá unos 3 metros, es decir, no es un caso de prevención hacia mi persona. Y me pregunto yo, este tío, ¿se cree gracioso? ¿Cree que de esa forma podrá acercarse a mí para establecer algún tipo de diálogo? Baste como referencia un hecho de este tontito: el muy torpe, según llegó a mis oídos, volcó su furgoneta de reparto en una isleta cercana a mi oficina, en una calle en la que no sé cómo coño puede llegarse a ese desenlace. Todos los tontos tienen suerte, ya que el tío salió ileso, pero el vuelco creo que fue digno de un programa de videos de risa, creo.

Vamos, que el tío demuestra que es un Forrest total en todos los sentidos, no solo como conductor de furgonetas, sino socialmente hablando. Un gilipollas más, que solamente se libró de una buena reprimenda porque nos encontrábamos en la oficina, que si no le hubiera puesto a caer de una burra. Pero, piénsenlo: pobrecito, ya bastante tiene con ser como es, ¿no? Pues eso, se confirma la “teoría del Forrest”. Hasta el próximo estúpido/a que me encuentre, que, por desgracia, seguro que lo habrá. Yo espero que tarde en aparecer.

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