Un gilipuertas de tomo y lomo en un concierto. Capítulo 101 (y los que quedan por venir…)

público conciertoYo, melómano y aficionado declarado a la música, temo a los conciertos. No porque no crea que lo voy a pasar bien, sino por 2 motivos. Por un lado, que me gusta hacer fotos y algún video con mi “cutre-cámara digital” de hace 6 años, y miedo me dan los gorilas de seguridad que se ponen restrictivos con el asunto (cada vez menos, ya que los smartphones tienen cámaras integradas 300 veces mejores que la mía), habiendo sufrido algún lance realmente desagradable. Pensarían que quería hacer negocio, con las superfotos que saca mi cámara… Pobres diablos.

Y por otro lado están los caraduras, listos, los gentuza, los HIJOS DE PUTA (así, con mayúsculas), que se creen que están en su derecho de tocarte los huevos por el simple hecho de que no vean. Bien, pues esta pasada semana tuve otro incidente de este tipo. Yo, normalmente compruebo que, con mucha lógica, a mis espaldas se deja un espacio de un metro, ya que ahí detrás, a no ser que midas 1,85, no se ve ni torta.

Entonces, el otro día se apagan las luces, sale el grupo, y en mitad de la primera canción (una de las mejores del concierto en cuestión), unos insistentes y molestos manotazos me empiezan a dar en la espalda. Cuando veo que el maleducado de turno no cesa en su empeño ante mi actitud de ignorarle completamente, me doy la vuelta para ver qué hostias quiere. El sujeto en cuestión, ejemplo de por qué motivo España está en crisis (ya que con pájaros como éste, normal que existan ladrones en la administración y gobiernos), me suelta: “¿Me dejas que ella pase delante? Solamente ella, yo no”.

A lo que amablemente, algo para nada que se merecía, ya que según lo que me soltó luego (que ahora les contaré), se hubiera merecido un “¡¡¿Y PARA ESTO ME ESTÁS TOCANDO LOS COJONES?!! ¡¡VETE A TOMAR POR CULO!!”, le respondo: “disculpa, pero si le dejo pasar a ella, el que tenga detrás me va a pedir lo mismo y termino al fondo de la sala”.

Jejejeje, pues, ¿saben qué me responde este trozo de mierda moldeado en forma de ser humano? Esto, y con un tono irónico que más bien parecía derivado de que el mocito de turno tuviera un serio retraso mental en su intelecto (seguro): “¡Muchas gracias! Amable…”. A lo que yo, nuevamente un poco lento de reflejos, solamente le solté un “De nada”, intentando imitar su entonación de subnormal profundo, algo a lo que, lógicamente, no estuve a la altura.

Quizás solamente me faltó añadir al “De nada” un “Cacho jeta” o un “caradura”, ya que hacer lo que se hubiera merecido, que hubiera ido desde mentar a su puta madre (que mal día echó un polvo sin condón generando ese engendro de persona), a abrirle la cabeza por maleducado y tener más cara que espalda. Pero, vamos a ver, ¿se creen ustedes que este tipo y su novia o lo que fuera, se situaron ahí media hora antes del comienzo de la actuación y justo hasta que no empezó el concierto no me dijeran eso? Pues no. Esos son 2 gentuzas, reitero, de esos que si acceden a un cargo de gobierno roban y dejan pelado al país, llegaron a última hora y fueron avanzando a empujones, situándose tras de mí al ver que había un espacio libre cómodo y encima querían rizar el rizo poniéndose delante.

Además, no se daba el caso de que estuviera centrado al escenario frente al palo del micrófono del cantante, sino en un lateral (ni de lejos era el mejor sitio para vivir el concierto). Vamos, esto viene a demostrar que muchas luces no tenían, y sí mala leche y poquísima educación. No será grande la sala ésta, situada a la orilla del Manzanares, como para buscarse otro lugar. Es igual que si te pones detrás de las palmeras decorativas que tiene en mitad de la misma; eso demostraría que eres medio lelo o tonto del todo.

A gente corrupta como ésta (sí, ya que su comportamiento denota corruptela social de comportamiento con los demás), habría de practicárseles una lobotomía, meterles en la cámara de gas o soltarles en mitad de la selva a merced de tigres, cobras y demás animales salvajes. “¡Muchas gracias! Amable…” ¡Ay! Lo que tendría es que haberte cruzado la cara, lo que pasa es que mi inteligencia, a años luz de la tuya, me hizo ver que de esa forma lo que pasaría es que terminaría fuera de la sala y sin poder ver el concierto.

Dicen que cuando hablan mal de uno, suele pitarnos un oído (no sé si el derecho o el izquierdo). Bueno, pues espero que a la hora de publicar este post, a ti, tío gilipollas que protagonizas el presente artículo, te estallen los oídos y nunca más vuelvas a acudir a un concierto en tu puta, putrefacta y lamentable vida.

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