Vuelta la BURRA al trigo…

Sí, la verdad es que el ascensor de mi trabajo es un lugar de los horrores sociales visto lo visto y sonará algo repetitivo este desahogo en comparación con otro de los últimos publicados. Pero el caso es que este pasado viernes, tras mucho tiempo sin que me tocaran los genitales con el tema de mi estatura, nuevamente una pollina (véase el detalle de poner con mayúsculas la palabra “burra” en la frase hecha que supone el título del post), en el ascensor de mi trabajo y a primera hora de la mañana, volvió a comportarse como tal.

En esta ocasión, con una sonrisa que si buscaba resultar cordial, resultó todo lo contrario, la muy imbécil empleó las siguientes palabras: “Hay que ver lo alto que es el chico éste…”. Puntualizar que a la mema esta no la conozco de nada. Compartíamos ascensor con otra persona de mi departamento, que ante la expresión que dibujé en mi rostro y mi silencio, inteligentemente cambió de tema.

Yo me pregunto por qué motivo la gente no mantiene la bocaza cerrada y ha de soltar estas chorradas monumentales a destiempo. Sigo sin comprenderlo. Nuevamente estuve lento de reflejos ante la majadería supina que muestran estos despojos sociales en sus primeros torpes movimientos diarios. No obstante, nunca sabes si estás compartiendo ascensor con un pez gordo de la multinacional y te estás jugando el puesto de trabajo (y tal como están los tiempos, como para hacer filigranas…). Por ello, al igual que si vas al teatro, al auditorio de música o la ópera no hace falta patalear como hacen algunos, sino que basta con no aplaudir y tu silencio ya muestra descontento ante algo que no te ha gustado (como elegantemente decía mi abuelo), yo me cuido en estas circunstancias de reprender vocalmente a estos desconocidos.

La verdad es que a mi me gustaría “patalear” en estas circunstancias, pero en mi lugar de trabajo prefiero tragarme parte del sapo y solamente con poner un gesto torcido en el rostro es suficiente, ya que no tengo interés por engrosar las listas del INEM de momento. Aunque también me parece que si esta subnormal en realidad es un alto cargo de la multinacional a la que pertenezco, mal nos va a ir la cosa… ¡Manda huevos que cada vez tenga más miedo de montarme en el ascensor por no darme de frente con alguna situación desagradable como la descrita! En fin.

Y encima, para colmo, según volvía a primera hora de la tarde para mi casa, paso entre un grupo de niñatos estúpidos que estaban jugando al fútbol, y ya intuía que si afinaba el oído escucharía alguna subnormalidad propia de estos niñatos desnortados, que lejos de ser nuestra esperanza del futuro, serán los que terminen por cavar la fosa al estado del bienestar que se nos está derrumbando día a día. Y no me equivocaba, ya que cuando estaba alejado y había torcido mi marcha escuché entre risas mongoloides la palabra “NBA”. Si me hubiera cogido más cerca, me hubiera dado media vuelta y le hubiera “pataleado” al niñato de turno (es decir, que le hubiera soltado una colleja/tollina, añadiendo un “pero qué tonto que eres” a modo de aleccionamiento que sus descuidados padres jamás le dieron). ¡Qué viernes más “guay” tuve!

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