Un año de desahogos

Sí, pues ya llevo un año utilizando esta bitácora como vía de escape de cara a no convertirme en un criminal y llevarme por delante a algún/a gilipuertas que atente contra mi dignidad, ridiculizándome por el mero hecho de mi estatura. Como ya he mencionado en algún artículo, aunque debido a la edad que se va alcanzando, el número de agravios es cada ver menor (afortunadamente), todavía hay mucho tonto a las 3 que de cuando en cuando me jode la marrana.

Puesto que esto será así, probablemente hasta el día que me muera, seguiré por aquí, con más desahogos, vomitonas y arcadas varias que me provocan la poca educación y la carencia de respeto que gran parte de la sociedad tiene hacia personas como yo.

Aquí no hay posibilidad de dejar comentarios. Sí, así es, pero es que un servidor no busca intercambiar impresiones, ni socializarme, ni tener gente que siga fielmente lo que escribo, ni nada por el estilo. Solamente busco desahogarme, purgarme y hacer en internet de alguna forma eso que suele hacer alguno de ir al monte y gritar.

Esto es lo que hay, y es lo que pienso. No hay posibilidad de réplica, por lo que decidí quitar la opción de comentar, ya que como me encontrara algún día a alguno o alguna que me enmendara parcialmente o a la totalidad, aquí habría algo más que palabras (es decir, palabrotas).

“¡Qué mierda ser yo!” continuará mostrando situaciones realmente vergonzantes para los energúmenos que las protagonizan, que para colmo se creen que están quedando de puta madre. No obstante, también tiraré de hemeroteca para recordar pasajes antiguos, que en ciertos casos fueron realmente intensos y desagradables. Supongo que antes de liarme a guantadas con alguien por ahí (que algún día estuve cerca), mejor tragar y luego soltar aquí la bilis. Bueno, pues hasta el próximo “grito escrito”, que espero sea dentro de mucho.

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