Lentitud de reflejos

Hacía tiempo que no sufría ninguna situación embarazosa debido a mi estatura. Tanto tiempo, que hasta empezaba a meditar la existencia de este blog o al menos su continuidad en el tiempo. Pensaba que quizás por mi aspecto, cada vez más jodidamente adulto y desgastado, la gente ya me respetaría sencillamente por ello. Sin embargo, como suele pasar, cuando más confiado estás, llega alguien y jode la marrana. De ahí quizás que haya tenido lugar la lentitud de reflejos que aludo en el título.

Y es que esta mañana, en el ascensor del trabajo he sufrido la bromita estúpida por parte de una tipa viejuna, menopáusica perdida estimo, de otro departamento y que no conozco de nada (es lo que tiene currar en una multinacional y en un edificio de varias plantas) que al preguntarme por el piso al que iba, va y suelta “¡Uy! Tú con esa altura seguro que tiras para arriba”. Para más INRI, además ha soltado esa chorrada sin gracia alguna y con un tono de sosería que si cabe le resta cualquier posible atisbo de comicidad a su plana invención.

En el momento solamente he hecho una mueca burlesca, echando la mirada hacia arriba y con un leve ladear de lado a lado de mi cabeza, lo cual le habrá dejado en su sitio si esa “mujer-llavero” le ha dado por mirar mi rostro para examinar mi respuesta a su acción. Sin embargo, quizás lo suyo hubiera sido soltarle: “Entonces usted debería quedarse en la planta baja”.

Lo que pasa es que a primera hora de la mañana y llegando al curro con la pata medio coja por un esguince reciente, te coge de improviso y no estás rápido. Estoy seguro que si se lo hubiera soltado, en caso de estar rápido de reflejos, esta tía tan graciosa (la cual pertenece a unos departamentos que parece que en sus plantas salga del aire acondicionado gas de la risa de forma perenne) se hubiera indignado y nuevamente hubiera experimentado esa sinrazón de que por qué su bromita tiene que ser amable y la mía no.

El asunto de la ya aludida en esta bitácora “subnormalidad grupal” también ha tenido que ver, puesto que aparte de esa enana acabada iban otras 2 personas más dentro, que por fortuna no le han reído la gracia. Faltaría más. Esta tipa, que pertenece a esa estirpe de gente ingeniosa, pertenece a un departamento distinto al mío y no me suena su cara de nada. Espero no volverme a encontrármela, pero en caso de que vuelva a haber desayunado una cinta de chistes de Arévalo, espero responderla como se merece. La verdad es que se puede ser muuuuuy tonto y en los peores momentos, porque estas cosas siempre me tocan (y mucho) las partes nobles, pero a las 8 y media de la mañana, más si cabe.

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