Alto sí. Vista de lince no

Una de mis principales aficiones es la música y consecuencia de ello, suelo acudir a bastantes conciertos. Personalmente me gusta situarme más o menos cerca del escenario (tampoco en primera fila) para ver a mis grupos y artistas favoritos con la mayor nitidez posible y si consigo hasta ver el número de arrugas que tienen algunos (porque por lo general me gustan los grupos algo talluditos), mejor que mejor.

Por ese motivo, cuando acudo a un concierto suelo ir a las puertas del recinto con una moderada antelación de 2 o 3 horas, según el caso de histeria de fans que se respire en cada ocasión, de cara a poder posicionarme en el pie de pista en una zona más o menos decente.

Después de soportar varias horas a la intemperie, pasando frío, calor, sufriendo lluvias, viento molesto etc., es común que cuando ya estoy dentro del recinto, y peor aún, cuando ya ha comenzado el concierto, me venga alguien a importunarme, normalmente (y que no se atisbe aquí comentario sexista alguno, solamente me remito a los hechos) una chica.

Cuando ya estamos dentro de la sala o pabellón de turno y va entrando la gente, es normal que se deje un espacio de medio metro vacío detrás mía, porque es lógico que alguien de metro setenta situado justo pegado a mi espalda no verá nada. Además, será por espacio en el que te puedes poner, que no sea justo detrás de un tío de 1,99 cm…

Bueno, pues se da el caso de que alguna niña moderna (que luego incluso alguna lo comenta en sus blogs como alarde) que haya llegado al recinto cuando ya se abrieron las puertas hace una hora, quiera avanzar porque ella lo vale hasta las primeras filas, pasándose por el forro que la gente a la que está importunando y adelantando se hayan tomado las molestias de estar una razonable cantidad de tiempo en la cola.

Y claro, normalmente llega donde estoy situado yo, se acomoda en ese espacio vital que se deja por distancia de amplitud visual a mis espaldas y entonces se propone rizar el rizo dándome con su dedito puñetero en mi hombro (acto al que últimamente ya no hago ni caso) para que cuando me gire me diga “¿te importa dejarme pasar delante tuya?”…

Primero de todo: NO te dejo pasar porque eres una jeta increíble, ya que seguro que acabas de llegar a mis espaldas, adelantando filas y filas de forma rastrera (porque de lo contrario es que eres tonta del higo si te has situado ahí cuando poco a poco se iba poblando la pista). Y segundo: NO te dejo pasar porque si te dejo pasar a ti, tendré que dejar pasar a la siguiente que se encuentre conmigo delante y así sucesivamente hasta que llegue a la pared del fondo del recinto y una cosa quiero apuntar (por si no han leído el título del post): alto sí soy, pero, aunque veo moderadamente bien, no tengo vista de lince. Como habrán podido comprobar, hay mucho cara en este mundo.

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