Ba-lon-ces-to

Ya lo dijo en su día el gran técnico Pepu Hernández, con el que la selección española ganó el mundial del 2006 en el citado deporte. Y de eso trata el desquite escrito de hoy. Esto, mezclado con lo que suele llamarse el “encasillamiento” (término comúnmente asociado a los actores cuando llevan mucho tiempo interpretando el mismo personaje o papel), es parte de la cruz con la que tenemos que cargar los tipos que medimos más de lo que es considerado normal por esta “respetuosa” sociedad.

¿Cuántas veces me habrán preguntando nada más conocerme si juego al baloncesto? Si les digo una cifra, probablemente me quedaré corto. Desde pequeñito, incluso en el mismo seno de mi familia se me dio de forma bastante intensa la barrila con el asunto. No se crean que no hice la tentativa en su día, pero se da el caso de que uno es un negado para la causa, aparte de que tampoco es un deporte que me haya llamado la atención especialmente nunca, ni me gustase practicarlo. Con el tiempo y mucho esfuerzo he llegado a ser un aceptable portero de fútbol, que hasta sus pequeños ratitos de gloria ha vivido. Una práctica deportiva para la que la altura no va tampoco mal.

Según me dé el día si me encuentro con alguien que me suelta la preguntita en cuestión o respondo “no” a secas y repregunto o reconduzco al terreno futbolero que sí profeso, contando alguno de mis mínimos logros pasados o, por otro lado, si estoy algo hasta los coj… en el día en cuestión, me marco alguna salida ingeniosa ridiculizante y cortante para el contertulio de turno del tipo: “pues no, juego al hockey sobre hielo”. Solamente hubo una vez una señora mayor que me preguntó una vez si era portero de fútbol; no se pueden imaginar los ojos de plato que se me quedaron. Gracias, allá donde esté usted.

A ver, ¿alguien porque sea alto tiene irremediablemente que jugar al baloncesto? No. Señoras y señores, sabemos hacer otras muchas cosas. Probablemente aquí den con mucha gente alta a la que si le preguntan sí les responderá de forma afirmativa a la pregunta de si practican o practicaron este noble deporte. No obstante, si dan con alguien como yo, que solamente le gusta verlo cuando gana la selección Española (como me pasa incluso en la modalidad de petanca), que ha sido un negado rematado, que no ha jugado en su vida y que le han machacado con el asunto durante toda su existencia, no vean raro que no les miren con buenos ojos.

Además, luego como siempre, y les hablaré mucho de esto, nos enfrentamos a los payasos, monologuistas o cómicos frustrados que intentan cargar de ironía y coñita su pregunta, haciéndola del estilo “bueno, tú seguro que juegas al baloncesto”, en lugar de preguntar asépticamente “¿juegas al baloncesto?”. Volvemos a lo mismo de siempre, parece que los tíos altos somos objetos de todo tipo de chanzas y burlas. No sé si se han parado a pensar en nuestra envergadura y que se pueden ganar una manguzada como se propasen, si no hay la suficiente confianza de por medio.

Además, estos cómicos frustrados lo son porque son menos originales que hacer de vientre agachado, porque son los mismos que luego adornan su “actuación” con una chorrada del estilo de “cuando te comas un yogur te llega caducado al estómago”… “Bochornoso como Cóppolo”, como diría el gran cantautor argentino León Gieco. Del humor zafio y maleducado ya iremos hablando, que me desvío del tema y no pretendo divagar. En resumidas cuentas: NO, un tío que mida más de 1,95cm no juega o ha jugado necesariamente al baloncesto y ni siquiera tiene por qué gustarle. ¿Oído cocina?

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.