Que sí, que te he oído, pero te estoy ignorando

Vamos a contar algo reciente. El pasado sábado, como todos los sábados bien prontito en la mañana, fui con mi equipo a jugar al fútbol, ya que uno es portero y no jugador de baloncesto (en breve hablaremos de ello). Bueno, pues el deporte es un terreno social que por desgracia tampoco está exento de memos, sino más bien todo lo contrario, y el otro día me di de espaldas con uno de ellos.

Resulta que antes de comenzar el partido, tras el sorteo de campos, tocó que cambiáramos de terreno, teniéndome personalmente que recorrer el campo de un lado a otro para defender la portería opuesta del terreno de juego. Cuando llegaba al círculo central, un tontito del equipo contrario soltó su “gracia sin gracia” al viento: “portero, ¿a ti cuántos te daban?”.

Claro, evidentemente que le oí. Lo que sucedió es que se daba el caso de que ya había dado la espalda al supuesto tonto a las tres y continué mi paseo hacia mi portería, ignorando completamente su “ingenioso comentario”. Bueno, pues el tipo, ansioso de anotarse su “momento de gloria, sumamente original”, seguía dirigiéndose a mi, como para llamar la atención: “portero, ¡eh! Portero, ¡eh!, portero”. Y yo, a medida que me iba alejando me preguntaba ciertas cosas, no saliendo a la par de mi asombro.

Lo primero fue pensar en el nivel de cociente intelectual que tendría el sujeto en cuestión, al no cesar en su empeño de que le hiciera caso para semejante chorrada, viendo que pasaba de él como de comer mierda. Y lo segundo era que no entendía por qué motivo esta escoria social quería que yo tuviera constancia de su ridiculización hacia mi persona por mi estatura. Me vienen a la mente muchas reflexiones del estilo de las que Woody Allen hacía sobre el sexo en sus películas, pero en este caso en lo referido a mi estatura.

¿Cree la gente que me voy a tomar a bien sus bromitas impertinentes? ¿Creen estos especimenes que son los primeros en soltarme un chascarrillo tan estúpidamente extendido en nuestra sociedad como ejemplos solemnemente chorras del estilo “el primo de Zumosol”, el “a mí me daban 2” (al que se acogió el tonto de turno) y otras tonterías del estilo? ¿Será que el sadomasoquismo está más extendido de lo habitual y esa gente busca provocarme para que les pegue una hostia y se queden con cara de tontos, o por el contrario disfrutando del dolor sufrido en su rostro? La verdad es que si no me acojo a alguna de estas oscuras y sórdidas explicaciones, no lo entiendo.

Pues bueno, ahí se quedó el “homo non sapiens” que creyó haber descubierto América con su chistecito o chanza de turno (¡muy original, campeón!). Lo que más me jode de todo es que eran los segundos de la liga y nos ganaron 4-0 en su casa; puede ser que el gilipuertas descrito hasta me marcara un gol (no lo sé, ya que no me molesté en girarme a verle la jeta); quizás sea más diestro en la práctica de tareas deportivas que en aptitudes mentales, ya que ejemplos en el mundo coloquial existen (al igual que las chanzas como la que utilizó para burlarse de mi) como era el caso de Forrest Gump.

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