Un maestro de ceremonias “guay”

Vamos a tirar de hemeroteca. Hoy les relataré la experiencia comúnmente estúpida provocada por parte de alguien a quien se le han dado galones para llevar a cabo la presentación y animación de un evento. Resulta que hace unos meses acudí a un concurso del juego Singstar, que era casi como una pequeña gala, presentada por impresentable (permítaseme el juego de palabras).

El tipo parecía que se había papeado un payaso para merendar y no paraba de hacer bromas ridiculizantes, mientras que se hacía cargo de la moderación y presentación del evento. Yo, con un par de huevos, me apunté para cantar en público (el certamen se celebraba en un local de un conocido restaurante y había bastante gente) y ya intuía que cuando subiría al escenario, me encontraría con las clásicas chanzas, para nada originales, a cargo del sujeto en cuestión. No me equivocaba y el tipo resultó ser igual de original que ponerse ropa interior roja en fin de año, aparte de no resultar nada gracioso.

En mi grupo de gente, ya antes de que tuviera lugar mi interacción con el mismo, no había calado muy bien el personajillo, resultando algo estomagante para la gente que me acompañaba. Yo, sin embargo, tampoco le había puesto una cruz tan severa, puesto que estos pésimos y baratos cómicos-presentadores son comunes en estos eventos; lo peor de todo es que se creerán que resultan graciosos. Lo que ya no soporté fue ver lo tontín que fue conmigo, y encima en 2 actos.

Me recibió en el escenario haciendo aspavientos y chorradas varias, algo que me esperaba; cosa predecible y que casi tenía asumida. Una vez llevada a cabo mi interpretación (bastante penosa, por cierto), la cosa no quedó ahí y eso fue lo peor de todo: el 2º acto. Hubo un momento en que algo no funcionó, no sé si se fueron la batería de los micros y la gente murmuró. Al “gran showman” no se le ocurrió otra cosa que mirarme (yo que estaba a mi bola en el público), y decir en plan de broma que si había alguna queja que yo le defendería. A esto yo le hice un gesto de negación con la mano y el amiguete, no sé si ridiculizándome, retándome o lo que fuera, empezó a decirme no sé qué leches de una película, mostrándose bastante contrariado y chulo, demostrando tener pocas tablas, poca cintura y mucha menos clase.

Este pobrecillo tipejo (que además se creía guapo…), no dejó de ser un colega odioso, nada gracioso, que además resultó tener menos sentido del humor ante una consecuencia lógica por sus desafortunadas humoradas, que el que yo pueda tener respecto a las bromas respecto a mi estatura; y eso ya es bastante decir. No sé si algún día dará con este artículo, si se dará por aludido y si se acordará de mí. Por si acaso lo lee, lo pongo en mayúsculas y bien clarito: ¡QUE TE JODAN, PAYASO!

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